miércoles, febrero 11, 2009

Domingo

Un rutinario domingo cualquiera de crónica policial en el diario. Llegar y revisar la prensa para ver si hay material y luego llamar a todas las fuentes para ver si hay algo bueno que contar.
Lo primero fue un teniente de ejército retirado, muerto en su bañera con claras señales de haberse suicidado, por una depresión que catapultó su separación. Las infaltables penas de amor. Minutos después avisan que hay una balacera en algún cerro de Valparaíso.
No me referiré con muchos detalles al tema, pero puedo decir, que esa "balacera" no era tal.
Durante esa tarde, con el sol pegado en las calles y en las cabezas de los hombres y mujeres de prensa, vi como una familia comenzaba a quebrajarse ante mis ojos por un "error de procedimiento"de policías que entraron a una casa particular buscando delincuentes y que terminó con una persona muerta. Precisamente, no el antisocial que supuestamente se buscaba.
Uno por uno de los familiares comenzaron a llegar al hogar y se encontraron con varias fuerzas policiales que se plantaron como robles fuera de su casa. Y la prensa...¿qué otro peor augurio?
Los policías no dejaban entrar a nadie dentro del hogar. Pero el reportero gráfico del diario, se sube a un muro aledaño a la casa, alcanzando a tomar una fotografía; y ve un cuerpo tirado en la entrada del domicilio, ¿Quién era ese hombre? ¿un delincuente o el ser querido que toda la familia se percataba que estaba dentro de la casa y que sería la persona muerta que todos estaban susurrando?
Desgraciadamente la alternativa dos es la acertada.
Familiares con vasos de agua y llanto en las aceras. El sentimiento de incredulidad y de estar en una dimensión desconocida al ser confirmada la cruenta noticia, ¿En qué minuto ocurrió todo esto?
El hijo de la víctima hablaba por celular. "Mi papá está muerto en el patio de mi casa, ¿Puedes creerlo weón?", "Hasta que no lo vea, no lo creeré" decía el joven de mirada de lince hambriento y agotado.
Pasaron alrededor de tres horas en que una nebulosa de duda cubría el lugar. Y las declaraciones de los policías, seguían el silencio más pálido que se escuchó esa tarde. El fiscal no hablaba y el resto sólo se miraba la caras.

Me paseaba por la calle. Me sentaba y trataba de entender. Nadie decía nada, pero todos sabían de qué estábamos hablando.
Finalmente el hijo del hombre muerto, una tarde de domingo, se dirige al punto de prensa: "Mi padre fue asesinado a manos de policías. Nos querellaremos contra quienes resulten responsables".

Fue la noticia más díficil que me tocó escribir un día domingo.

No hay comentarios.: