sábado, septiembre 30, 2006

Tell me more


Maldita Sea




Un cielo azul distante cobija las distintas sombras de los variados mortales. En el metro todos parecen arrastrarse, suplicando y esperando que la vida pase más rápido.
Diferentes pieles habitan el metro, otras palabras lo adornan y el olor a asfalto con aires de arribismo primer mundista parece condensar todo.
La idea del metro, es llegar a destino, y el camino se torna cada vez más gris.
Gris como la gorra del séptimo pasajero que estaba al lado de la ventana en los asientos nuevos y de color verde chillón, pero no tan nuevo como el libro que llevaba en sus manos cerrado. Una Biblia creo que era, por las hojas que después en mi inconsciente imaginaba como las destrozaba queriendo extraer de sí todas las cadenas y cruces pesadas.
_“Así sea”, balbuceaba después de tres minutos. Al juzgar por sus reacciones ya resultaban ser alienadas a su caminar, gestos y el habla sin conciencia y muda.
Parecía esperar algo mientras estaba sentado pegado al vidrio de la ventana, que no tenía intenciones de mostrar más que murallas de cemento.
El no alcanza a notar que lo observo a través de la curiosidad.
A través, de sus aireados ojos café.
Tampoco se mueve, es como una estatua inerte. Casi sin vida. Pero de un momento a otro, se levanta de su asiento, raudo y apresurado.
El mundo es de causalidades y no de coincidencias por eso me bajo también.

Línea B. Letrero grande. Nunca había bajado en esa estación del metro. Pero ahí me encontraba, tratando de buscar pistas a los recortes que tenía de este hombre gris.
Una calle angosta lo seguía, fila de árboles esqueléticos acompañaban su sombra, y un bar en una esquina lo esperaba, sus amigos le ofrecían una ginebra, pero esta vez decidió dar la vuelta.
Yo mientras, caminaba lento, dejando pasar gente y tratando de acostumbrarme a este nuevo paraje.

Las casas eran de adobe, algunas de lata y boliches con pocas cosas, entre ellas
Marcas de galletas alternativas y otras muy antiguas. Algunas papas podridas en la orilla de la vereda y hojas secas revoloteando en la basura.
El hombre seguía fijamente su dirección. Pasos cortos y rápidos. Manos en los bolsillos como de frío interior pero afuera, la noche era cálida.

# 387 es el número de su casa escrito con tiza. Ahí es donde se detiene, con un bolso que recién vengo a percatar que es negro, como el chaleco que lleva encima de una camisa a cuadros azul. Golpea de forma pasiva y se asoma una mujer con pelo abultado, nariz prominente labios secos y falda roja.
Habla fuerte y el hombre del gorro que ahora se lo saca, estando en la puerta, agacha su cabeza y entra el bolso.
La mujer se ve alterada. Y le grita en la cara al hombre de sombrero gris.
Él entra a la pieza y se sienta. Lo veo por la ventana. Su reflejo opaca el atardecer. Se escuchan palabras gruesas y revoletean mariposas blancas en la puerta.
La mujer le exige dinero, para pagar cuentas, para vivir para costear las cuotas de la felicidad. El hombre no entiende. Nunca entendió.
Se agarra el pelo. Tira el florero. El agua en él. Y escupe al cielo.
Yo a contraluz observo.


Y ahí me detengo. En voces extrañas y en su voz cansada. Sale corriendo y rompe en pedazos la palabra en la que alguna vez creyó. Y se lanza corriendo siguiendo la luna, siguiendo su ruta matutina y se tira en la calle y difama a dios. Por la deuda de felicidad. Por el embargo de la alegría, por la humillación de no contar con la dicha delante de los vecinos.
Tira su gorra gris y se dirige al cielo.

Nunca creí en ti.
Así sea.






* Pd: siento que le falta una segunda parte a esto y más contenido.Pero como lo escribí algo apurada.. he ahi...la excusa que agrava la falta.

martes, septiembre 19, 2006

Historias Breves



Buenos sueños
Por Claudia K Pizarro

En un paradero de colectivos y no precisamente culturales me encontré con la sonrisa más linda que he visto...
Con el detalle que meses me dejó pensando y con las ganas de volverme a cruzar y ahorcarte con esa bufanda por casualidad...
Quisiera devolver el tiempo y bajarme en tu estación. Y es que estamos a un paso de la primavera, ¿cómo es que no te encuentro?
Mostrarte mis discos, quisiera
Decirte que quiero irme a Buenos Aires, pero contigo, desearía
Y que te dedicaría la zambita de los Buenos Sueños es lo que más imagino...
Beber de la alegría de las estrellas y verter todo mi entusiasmo en tu gorro negro...

¿Cómo quiebro el destino? que ya me dejó claro tu fugaz entrada...
No quiero que las cosas tengan un punto final aún, creo que le agregaría a nuestra historia de locomoción colectiva, unos puntos suspensivos, porque sé que en una de esas, en esta ciudad te puedo encontrar...

Antipoemas de Silver tape


Delta Beatnik
Por Flavio Cianciarulo

Vinilo confortable
Los chicos de 25 : un Rocksteady de Desmond
Las chicas creen en el ritmo–zen de
“The return of the Big Guns”
Yo desalojo tu esfera de Rock
Leo los créditos:
el track #8 in Dub.
Dub me, me pedís que te toque hasta los huesos
Sabemos de tu obsesión por los sauces de la esquina.
En San Isidro el mundo nos observa,
escuchamos Ska y reggae toda la noche;
re-descubrimos vistas de Alain Resnais, Truffaut,
nos entusiasmamos con un viaje al Delta.
Igual que en Rosario, desde la lancha sacarás buenas fotos instamatic.

domingo, septiembre 10, 2006

Habaneando!




Made in Cuba
Por Claudia K Pizarro

La sinfonía de un par de músicos cubanos comienza a sonar distinto ya que además de azúcar en el ritmo siempre hay sal.

Al hablar de Cuba se puede encontrar una serie de temas recurrentes que organizan la geografía humana de los cubanos. El calor de su gente, el incansable Fidel, el ron y todo el sabor mulato chispeante en el son de su gente.
Por otro lado, el tema de la libertad y los sueños también ensalzan la conversación y la inspiración cuando se quiere mostrar, un poco del talento que despierta a la Habana. Esta sal que condimenta los barrios es lo que se pretende mostrar en Habana Blues dirigida por
Benito Zambrano y protagonizada de forma impecable por Alberto Joel García, Roberto San Martín, Yailene Sierra entre otros actores.
Un film que retrata el resplandor de los ideales y el revés de las utopías. Como la ruta de los ideales y los sueños vibran en el cuerpo y matan otras zonas del alma, al mismo tiempo. Todo en un conjunto de sensaciones que despierta la dimensión de un pueblo de mundos y estados paralelos. La alegría colectiva, la intensidad, la frustración, la soledad, el amor y la amistad condimentan esta obra tan sabrosa.

Y es que cuando empieza Habana Blues, lo único que uno quiere es tomar el primer avión e irse a “la isla maravilla”, donde todo el mundo siente hasta, en la última fibra el candor de la música de la banda de los protagonistas, que se ven enfrentados al dilema de vender sus creaciones al gran imperio y de esta forma poder salir de una isla que a veces puede llegar a azotar cualquier sueño que se quiera volver realidad. Y ahí está el dilema, de los protagonistas, irse o no, venderse o simplemente quedarse a vivir de sueños que quedan ahí, como embalsamados esperando ser escritos como mitos o creando personajes con características de mártires, quienes alguna vez creyeron en no comercializar nunca su realidad. Y los otros que se fueron en busca de sus ideales sin importar mucho el cómo.

En la película de Benito Zambrano, se vislumbran valores y principios de forma, coloreada y con mucho azúcar, porque es la música de la que viven los protagonistas, la que ambienta toda la atmósfera del film de cierta forma, narrando situaciones que existen en la mente de Rui, el mulato con el rol principal; ya sea la difícil situación del país, la soledad y los sueños. La mismísima trama de la película.
El ritmo inicial se bifurca en el anhelado sueño. Y los músicos cada vez anhelan distintas cosas porque finalmente, las partituras de la vida suenan en distintos lados y principalmente muchas veces, se hace difícil seguir la melodía, sobretodo la melodía de la utopía.