viernes, marzo 27, 2009

DIOS VINO.... Y LO TRAJO LA PEPSI

Cuando apareció en el escenario, sencillamente no lo podía creer: A unos escasos metros de mí estaba el músico más creativo de los últimos tiempos y el que ha sido durante todo el tiempo el más fiel a sí mismo; Mike Patton junto a Zu quartet, ésta última, una tremenda banda italiana fichada por Ipecac, con el que el ex vocalista de Mr. Bungle, trabajó en su más reciente producción "Carboniferous".
Los 40 minutos de recital fueron impecables. Incendiarios. Demenciales. Mike Patton es el circo y el fénomeno en una misma persona. Vociferando ladridos. Acariciando la noche con su voz de crooner trasnochado y aplicando sonidos desde su vanguardista tenori-on.
Mientras que Zu quartet, galopaba al mismo ritmo frenético de Mr. Patton, en medio de un cuadro de máscaras méxicanas de lucha libre, con personajes como El santo y el místico. Un delirio con pirotecnia bizarra, pero perfecta.
21: 15 ahí estábamos todos boquiabiertos y excitados ante tal recital fuera de norma. Decir que fue extraordinario, es poco. Las imágenes en la pantalla, el perfecto y matemático desempeño de Zu quartet, los aullidos, los gritos, el crooner y los guardias con mascaritas, encerraban un universo paralelo. Un ticket al submundo de mike patton y sus secuaces italianos.
Sin embargo, para algunos pocos asistentes que estaban y esperaban algún recuerdo o alguna canción de Faith no More o cualquiera de sus bandas, les defraudó el hecho de que Patton no lo hiciera, "Esto no se convertirá en un karaoke", según las mismas palabras de mi figura divina. Claro, debo reconocer que cuando recién anunciaron el macro evento, pensé por 3 segundos que podría hacer algún guiño a anteriores bandas dentro del mismo concierto, pero después pensándolo mejor y conociendo la personalidad del señor en cuestión, me limité a pensar que el frontman sólo tocaría su repertorio con Zu, lo cual me parece totalmente atinado; Patton viene con Zu, esa es su nueva apuesta y eso lo que viene a mostrar. Muy bien así. Take it o leave it.
Sigamos. Al transcurrir la noche, cada vez me parecia más admirable la figura de Patton que, con un proyecto no apto para todo público, la rompiera de la forma que hizo. Un free-jazz, metal, hardcore italiano, noise e influencia cinéfila que, además de llevarlo a cantar una desgarradora versión en español de la canción "Llorando" de Erykah del Río, ( que a todos nos dejó con la piel de gallina) lo incitara a dejar el audio de la película "Fango y Lis" del cineasta psicotrópico chileno Alejandro Jodorowsky, en medio del Movistar Arena, mientras se preparaba para otra intervención quirúrquica sin anestesia con Zu quartet. Patton en esos momentos sonreía satisfecho. Y mi corazón latía a mil y aún más cuando explotó con su versión para "24.000 bacis" del italianisimo Adriano Celentano. Maestro.
Absolutamente todo era reinventado en los propios códigos que habitan en la mente del californiano con pinta de italo-americano, quien, como bien dijo el colega Marcelo Contreras en El Mercurio, es alérgico a los rótulos y sobretodo a los márgenes. Y gracias a dios que así es. Porque nos dió una clase maestra. Un golpe a la cátedra, fuera de todos los cánones establecidos. Mike Patton no se anda con cuentos. Es todo o nada. Se entregó al escenario. y nosotros devotamente lo seguimos sin sacrificio y hacia todos los laberintos musicales que se le ocurra proponer, como el que ofreció esa noche en el festival Pepsi Music, en el que todos quedamos inmersos, descifrando códigos y disfrutando del tesoro encontrado, felices.
Realmente este hombre y los músicos italianos me hicieron la semana, el mes, el año...

Mike Patton gracias por el milagro concedido.
Amén.

viernes, marzo 20, 2009

WATCH NO MORE

El sábado pasado asistí a un desfile de moda "alterna" que organizaba una querida amiga. Celebré con Borgoña y azoté las paredes con música en "El pajarito" con The Cramps para la pasarela y sus modelos indies.
Amigos, buena vibra, todo bien y prometía estar mejor para lo que quedaba de la noche, a pesar de un nuevo día de trabajo que me esperaba la mañana siguiente.
A lo cenicienta, me despedí cerca de las 12 y me fui a otro lugar, en el que se celebraba el glorioso rock de los 90, con bandas en vivo que homenajeaban a Faith no more, Red Hot Chili Peppers entre otras. Daniela, mi amiga me esperaba en la puerta del local y entramos inyectadas para una nueva cita con la noche.

La cerveza se subía por el chorro y se acababa luego. Los cigarros tenían una nube de humo que recorría nuestras cabezas y mi compañera de parrandas, me comentaba lo scrup up que estaba su vida sentimental.
Beastie Boys sonaban con Sure Shot y la noche prometía algo bueno, además de una horita más de festejo, por el cambio de hora.

Y ahi estaba él. A lo lejos y cerca. Mi amor platónico, quien además de darme la espalda toda la noche, bebió y se paseó por todo el lugar.
Sin embargo, como María Magdalena, disfrutaba con sólo verlo a lo lejos, porque aunque parezca bien perdedora mi parada, se muy bien cuando no se debe jugar en algunas canchas. A pesar de que el entrenador técnico ( mi amiga) me esté alentando toda la noche, para entrar en el área chica. Pero no. Antes de una tarjeta roja, preferí quedarme en la banca y prepararme para otro partido. Un nuevo y espero que, buen partido. ( Aunque igual me moría y muero de ganas por jugar )

La música comenzó a sonar en vivo y empezó la adoración al demonio. Los brazos al cielo y los saltos esquizoides. La música histérica con ganas de ser vista, escuchada y adorada; mientras nosotros los fieles de rodillas, con las ofrendas de cigarros y vasos de cerveza en mano ofreciéndola al cielo y Alabando a Faith no more.
La conexión fue única esa noche. Los devotos se hundían en un mar de electricidad y hermandad, cuando los cánticos se asomaban en "las gargantas de lata" de todos los condenados fieles. Incluso el Mike Patton porteño se ofrece al público como sacrificio hasta que todos (me incluyo) lo tomamos y lo depositamos en el escenario. Épico.

Termina el rito. Y mi amiga me agarra del brazo como chiquilla malcriada, y da por terminada la noche en ese lugar. La verdad es que hubiese seguido ahí a pesar de que ya no tenía más que gastar, y que mirar. Aunque insisto, si no fuera por las circunstancias...

Debo decir que, fue la mejor fiesta en la que he estado, pero terminé muriendo con esa mirada tonta en los ojos. ¿Les suena?