El sábado pasado asistí a un desfile de moda "alterna" que organizaba una querida amiga. Celebré con
Borgoña y azoté las paredes con música en "El pajarito" con The Cramps para la pasarela y sus modelos indies.
Amigos,
buena vibra, todo bien y prometía estar mejor para lo que quedaba de la noche, a pesar de un nuevo día de trabajo que me esperaba la mañana siguiente.
A lo cenicienta, me despedí cerca de las 12 y me fui a otro lugar, en el que se celebraba
el glorioso rock de los 90, con bandas en vivo que homenajeaban a Faith no more, Red Hot Chili Peppers entre otras. Daniela, mi amiga me esperaba
en la puerta del local y entramos inyectadas para una nueva cita con la noche.
La cerveza se subía por el chorro y se acababa luego. Los cigarros tenían una nube
de humo que recorría nuestras cabezas y mi compañera de parrandas, me comentaba lo
scrup up que estaba su vida sentimental.
Beastie Boys sonaban con
Sure Shot y la noche prometía
algo bueno, además de una horita más de festejo, por el cambio de hora.
Y ahi estaba él. A lo lejos y cerca. Mi amor platónico, quien además de darme la espalda toda la noche, bebió y se paseó por todo el lugar.
Sin embargo, como
María Magdalena, disfrutaba con sólo verlo a lo lejos, porque aunque parezca bien perdedora mi parada, se muy bien cuando no se debe jugar en algunas canchas. A pesar de que el entrenador técnico ( mi amiga) me esté alentando
toda la noche, para entrar en el área chica. Pero no. Antes de una tarjeta roja, preferí quedarme en la banca y prepararme para otro partido.
Un nuevo y espero que, buen partido. ( Aunque igual me moría y muero de ganas por jugar )
La música comenzó a sonar en vivo y
empezó la adoración al demonio. Los brazos al cielo y los saltos esquizoides. La música histérica con ganas de ser vista, escuchada y adorada; mientras nosotros los fieles de rodillas, con las ofrendas de cigarros y vasos de cerveza en mano ofreciéndola al cielo y Alabando a Faith no more.
La conexión fue única esa noche. Los devotos se hundían en un mar de electricidad y hermandad, cuando los
cánticos se asomaban en "
las gargantas de lata" de todos los condenados fieles. Incluso el
Mike Patton porteño se ofrece al público como sacrificio hasta que todos (me incluyo) lo tomamos y lo depositamos en el escenario.
Épico.Termina
el rito. Y mi amiga me agarra del brazo como chiquilla malcriada, y da por terminada la noche en ese lugar. La verdad es que hubiese seguido ahí a pesar de que ya no tenía más que gastar, y
que mirar. Aunque insisto, si no fuera por las circunstancias...
Debo decir que, fue la mejor fiesta en la que he estado, pero terminé muriendo con esa mirada tonta en los ojos.
¿Les suena?