domingo, mayo 25, 2008

Lou Reed me visitó

Hoy golpeó en mi cara A perfect day de Lou Reed. Y de inmediato, llegó a mi mente un lunes feriado del año 2004. Era un día hermoso, el cielo estaba adornado con un sol de septiembre y una brisa que llamaba a respirar suspirando. Ese día haríamos un documental con mis compañeros de universidad sobre Pablo Neruda. Paseamos por distintos lugares acompañados de cineastas universitarios, buscando localidades especiales para, retratar el Valparaíso del poeta de las casas sicodélicas. Nos movíamos en un auto que tenía un casette de Los Tres. “Se remata el siglo”, se escuchaba en ese día que comenzaba con ganas.
Paseamos por el sector de La Matriz, Cerro Barón, Cerro Concepción y el mar estaba a nuestra disposición mostrando sus mejores trucos y ropajes…
Almorzamos en Lo de Pancho, un plato rápido y popular: pollo con papas fritas, en una mesa de comensales cineastas y periodistas, que se repartían sentados entre las mismas papas fritas y pescado. La conversación en esa mesa, era más bien de una familia almorzando, que la de un equipo técnico con ganas de hacer el documental de un poeta.
Seguimos en la ruta. Y las imágenes quedaban perfectas. Todo iba bien.
Y tú me llamarías a las seis de la tarde para salir. No podía ser todo más perfecto.
Iba de vuelta a mi casa, en busca de más dinero y perfume, cuando marcaron las seis en punto en mi reloj, y sonó el celular que di de baja dos meses después de no vernos más.
No recuerdo muy bien lo que hablamos, sólo que nos juntaríamos a las siete en la puerta del CineArte. Mi sonrisa inundaba mi cara y la alegría de verte lograba que me perdiera en el tiempo.
Llegué y ahí estabas fumando un cigarro con un abrigo negro. Entramos de inmediato: la película que nos convocó, fue Irreversible, no sé si fue la mejor opción, pero te descubrí usando anteojos, porque no veías las letras.
Salimos. Y caminamos por la avenida Valparaíso. No había mucha gente en las calles pero daba lo mismo. El paseo fue ideal, me contaste que casi chocaste en el colectivo en el cual viajabas, me regalaste un libro de Pablo Neruda y me preguntaste porqué estaba tan callada. No recuerdo que respondí, pero de alguna manera estaba viviendo a concho el momento. Tanto que enmudecí.
Me preguntaste si nos tomábamos algo, antes de partir de vuelta a casa. Acepté, no importando si se pasaba la hora o las copas. En efecto, no se pasó la hora, ni las copas.
Y conversamos, nos reímos y tus ojos me inspiraron a sentir, lo que no me ha vuelto a pasar desde ese día. Fue en ese momento, frente de mí, lo que hizo que me diera cuenta que quería mirarte por mucho tiempo. Algo así como…I can´t take my eyes off you.. .
Nos fuimos y me acompañaste a mi casa. Llegué a mi casa cerca de medianoche. Te despediste y dijiste que me llamarías. Lo que cumpliste, al pie de la letra. Dormí feliz porque el cielo se volvía cada vez más azul al saber que existías. Just a perfect day

1 comentario:

Anónimo dijo...

como lo haces para terminar sacándome lágrimas después de risas?



te adoro.