
Hace dos días fui a la ciudad del Sol, estoy hablando de Quilpué. Y es que la verdad, hace rato le estaba haciendo ojitos a esta maravillosa ciudad. Me di una vuelta en metro desde Estación Bellavista y llegué tipo 20:00 de la noche. Sí, soy un pájaro nocturno. Aunque mi plan inicial era llegar temprano, las distracciones en el camino me hicieron llegar a esa hora.
Debo decir que quedé gratamente sorprendida con esta ciudad que me recibió amigablemente. Miré cada local que se me atravesó y acaricié cada perro gordo que me miró. Ir a Quilpué fue como un aliento fresco, en medio de un clima caliente, en una vereda ardiendo en la que caminaba a pies descalzos.
Me introduje en cada galería y en cada tiendita de botones, mostacillas y aros. Fue pisar el olimpo. Además encontré un refugio rockero con poleras bastante decentes a 7 lucas. Y al frente, otro local con polerones que me coqueteaban para ser guardados en mi ropero que, por cierto.. reventará en cualquier momento.
Ir a ese lugar fue motivado por mis ganas de cambiar de escenario y por otra razón que fue manejada por mi inconciente. Sí, tiene nombre y apellido, pero para qué dar detalles. Era una forma mística de conectarme con ese lugar que tiene que ver con el nombre y apellido. Pero además, tiene que ver con los zapallos italianos, las hamburguesas de soya y un tipo de fe adivinatoria que se renovó en las galletas de la fortuna y que tiene que ver con las señales, que en el último tiempo me ha costado ver porque creo que forman parte de mi paranoia habitual. Es por eso, que cuando pido una señal, voy al restaurant chino Pekin y compro una de ellas a $100 para saber si hay esperanza o no.
Cuando llegué a mi casa, después de beber un jugo de frambuesa en el mall de la ciudad del sol, me sentí renovada y con ganas de seguir visitando esa ciudad que me iluminó el día, o la noche mejor dicho. La razón es porque permitió observarme desde otra esquina, caminando en las calles de otra ciudad como Karen O de los Yeah Yeah Yeahs! en el video de Zero..."So get your leather, leather, leather on on on on...."
Debo decir que quedé gratamente sorprendida con esta ciudad que me recibió amigablemente. Miré cada local que se me atravesó y acaricié cada perro gordo que me miró. Ir a Quilpué fue como un aliento fresco, en medio de un clima caliente, en una vereda ardiendo en la que caminaba a pies descalzos.
Me introduje en cada galería y en cada tiendita de botones, mostacillas y aros. Fue pisar el olimpo. Además encontré un refugio rockero con poleras bastante decentes a 7 lucas. Y al frente, otro local con polerones que me coqueteaban para ser guardados en mi ropero que, por cierto.. reventará en cualquier momento.
Ir a ese lugar fue motivado por mis ganas de cambiar de escenario y por otra razón que fue manejada por mi inconciente. Sí, tiene nombre y apellido, pero para qué dar detalles. Era una forma mística de conectarme con ese lugar que tiene que ver con el nombre y apellido. Pero además, tiene que ver con los zapallos italianos, las hamburguesas de soya y un tipo de fe adivinatoria que se renovó en las galletas de la fortuna y que tiene que ver con las señales, que en el último tiempo me ha costado ver porque creo que forman parte de mi paranoia habitual. Es por eso, que cuando pido una señal, voy al restaurant chino Pekin y compro una de ellas a $100 para saber si hay esperanza o no.
Cuando llegué a mi casa, después de beber un jugo de frambuesa en el mall de la ciudad del sol, me sentí renovada y con ganas de seguir visitando esa ciudad que me iluminó el día, o la noche mejor dicho. La razón es porque permitió observarme desde otra esquina, caminando en las calles de otra ciudad como Karen O de los Yeah Yeah Yeahs! en el video de Zero..."So get your leather, leather, leather on on on on...."

No hay comentarios.:
Publicar un comentario