
Hace unos días tuve una especie de revelación en el que decidí cambiar la ruta de mi vida, a un lugar el que hoy creo que, siempre estuvo. Algo así siento. Algo así vi al final del camino. Una especie de luz extraña.
El viernes santo fui a trabajar y entrevisté a alguien que me pareció bastante especial por su arte.
Lo llamé por teléfono cerca de las 4 de la tarde del santo día. El me conversaba que a pesar de estar un tanto alejado de los dibujos, tenía una ciega certeza de que siempre tendría su mano derecha para dibujar y derramar su esencia en un hoja blanca. También me dijo que sabía que por mucho que caminara y se alejara, siempre llegaría a ese lugar que esperaba. Y le encontré toda la razón.
Y unos días antes que conversara con mi entrevistado en cuestión, creo que estaba encaminada al mismo punto.
La etapa de indesición motivacional que me merodeó durante los últimos meses ahora tiene un sentido. Digamos que hay una especie de meta, que no tiene que ver con rehuir responsabilidades o cierta intolerancia al ambiente. Tiene que ver con salir de los escombros para encontrar esa esencia.
Mi entrevistado se encuentra en todas las esquinas con su veta artística y yo bueno, a lo mejor ya se imaginan que podría ser.
Y bueno estoy tratando de salir de los escombros, eso sí que tengo que dejarlos ordenados al salir. En eso me voy a demorar un par de meses. Espero que de aquí a fin de año o a comienzos del 2010 pueda salir y emprender el esperado vuelo finalmente.

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