
Cada vez se tornan más entrenidas las conversaciones en el almuerzo en el diario.
Con Cristóbal y sus historias psicotrópicas me daban ganas de tener un lápiz para ir apuntando algunas cosas de las que decía.
La semana pasada hicimos un catástro de las drogas y sus efectos. Llegó a contar la historia de un jardinero que conoció en el desierto de Atacama que fumaba ganja como cual melómano devora discos. Y que con lo que ganaba con sus trabajos en el arte de la botánica viajaba por el mundo y volaba todo el día. Rayando el mito y la ficción. Pero la cosa era real.
Esta semana hablabámos de la gente deforme y de la casa del horror en Fantasilandia. Nos contaba que tomaba imágenes de gente con malformaciones que vivió en la década del 20 en el campo, ponía algo de música y hacía presentaciones en el café El Vinilo, inventando historias acerca de los personajes con algo de humor negro.
"El lugar se llenaba", nos decía con sus ojos bien abiertos
"A la gente le gusta el morbo" le respondía mirando mi plato casi lleno e inapetecible.
Y claro, apoyo esto, citando al grupo británico Black Sabbath, en sus comienzos cuando exploraban su sonido. Los de la banda se preguntaban:
"¿Por qué la gente paga para ver películas de terror, por qué pagan para ir a asustarse?"
"Si es así, deberíamos hacer música que de miedo...." y así nació El Sabbath negro.
Pero más negra fue su experiencia en Fantasilandia cuando dejó a su hijo y novia abajo del tour del castillo del horror. Y se aventuró solo en el camino del terror.
"Me gusta sentir el miedo, pero la adrenalina, no ese miedo de cuando te van a asaltar, Lógicamente" decía.
Apareció Linda Blair de El exorcista, Samara de El aro, El loco de la motosierra y un sinfin de personajes adorables en la ruta. Dijo haber sentido miedo, además iba solo y caminado, ya que era sin carrito el asunto.
Y claro, iría una y mil veces más a Fantasilandia. Un adicto del miedo sin duda. ¿En qué momento se me mezclaron las drogas y el miedo?
C.P
Con Cristóbal y sus historias psicotrópicas me daban ganas de tener un lápiz para ir apuntando algunas cosas de las que decía.
La semana pasada hicimos un catástro de las drogas y sus efectos. Llegó a contar la historia de un jardinero que conoció en el desierto de Atacama que fumaba ganja como cual melómano devora discos. Y que con lo que ganaba con sus trabajos en el arte de la botánica viajaba por el mundo y volaba todo el día. Rayando el mito y la ficción. Pero la cosa era real.
Esta semana hablabámos de la gente deforme y de la casa del horror en Fantasilandia. Nos contaba que tomaba imágenes de gente con malformaciones que vivió en la década del 20 en el campo, ponía algo de música y hacía presentaciones en el café El Vinilo, inventando historias acerca de los personajes con algo de humor negro.
"El lugar se llenaba", nos decía con sus ojos bien abiertos
"A la gente le gusta el morbo" le respondía mirando mi plato casi lleno e inapetecible.
Y claro, apoyo esto, citando al grupo británico Black Sabbath, en sus comienzos cuando exploraban su sonido. Los de la banda se preguntaban:
"¿Por qué la gente paga para ver películas de terror, por qué pagan para ir a asustarse?"
"Si es así, deberíamos hacer música que de miedo...." y así nació El Sabbath negro.
Pero más negra fue su experiencia en Fantasilandia cuando dejó a su hijo y novia abajo del tour del castillo del horror. Y se aventuró solo en el camino del terror.
"Me gusta sentir el miedo, pero la adrenalina, no ese miedo de cuando te van a asaltar, Lógicamente" decía.
Apareció Linda Blair de El exorcista, Samara de El aro, El loco de la motosierra y un sinfin de personajes adorables en la ruta. Dijo haber sentido miedo, además iba solo y caminado, ya que era sin carrito el asunto.
Y claro, iría una y mil veces más a Fantasilandia. Un adicto del miedo sin duda. ¿En qué momento se me mezclaron las drogas y el miedo?
C.P

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